Por LUIS MIGUEL CARCELLER
Publicado en El Caminante
Se llegó a pensar que Doñana ocultaba la antigua capital de los tartessos y hay indicios de que los romanos se instalaron allí. En el siglo XIII, Alfonso X creó un cazadero real y cuando acababa el XVI apareció por primera vez el nombre bajo la fórmula “hato de doña Ana”, en referencia a la hija de la princesa de Éboli y esposa del duque de Medina Sidonia que se retiró a vivir al coto en 1573. Pero fue en la segunda mitad del siglo XX cuando la visión de Doñana sufrió una transformación radical para conseguir que no cambie, paradoja que vino de la mano de su designación como Parque Nacional. “Entonces no hubo más que dudas, agricultores y constructores temían ante las nuevas restricciones, pero hoy se ha dado un giro de 180 grados y se han mostrado los beneficios”. Así reflexiona el empresario Antonio Pérez, presidente de la cooperativa Marismas del Rocío que desde 1982 tiene la concesión de los itinerarios turísticos por el interior del parque.
En Doñana y su entorno crece el concepto de desarrollo sostenible, una mezcla mágica de palabras que supone un compromiso para que la economía se potencie desde el cuidado del medio ambiente. Por eso, el Ayuntamiento de Almonte, en cuyo término se concentra el 63 por ciento del parque nacional, ha cuidado al máximo esta noción. Los empresarios de Almonte relacionados con el turismo afirman que este municipio, Calviá (Baleares) y Lanzarote (Canarias) son las capitales del desarrollo sostenible.
El Parque Nacional de Doñana ocupa 50.720 hectáreas de los municipios onubenses de Almonte e Hinojos, y del sevillano de Aznalcázar. El parque natural del entorno incluye también superficie de los tres citados, además de los de Lucena del Puerto, Moguer y Palos de la Frontera, en la provincia de Huelva; Pilas, Puebla del Río, Villafranco del Guadalquivir y Villamanrique de la Condesa, en la de Sevilla; y Sanlúcar de Barrameda, en la de Cádiz.
Armado con unos prismáticos y en silencio, se puede visitar el Parque Nacional de Doñana, situado en la orilla derecha de la desembocadura del río Guadalquivir y desplegando un complejo mosaico de ecosistemas entre los que destacan la marisma, las dunas vivas y los cotos en un paisaje horizontal sólo alterado por pequeñas elevaciones que cambia al ritmo que lo hacen las estaciones del año. La vegetación dominante es el matorral mediterráneo en las zonas altas y de tipo atlántico en las depresiones. Las dunas forman una barrera costera de 25 kilómetros de longitud y cinco de anchura que avanza hacia la playa. Entre la fauna que domina en el parque destaca la presencia del lince ibérico, un felino amenazado que tiene en este lugar y en Sierra Morena su último hogar y la única esperanza de salvarse. Pero además, es Doñana refugio invernal de flamencos, ánades y ansares. Cuenta además con un parque natural que sirve de cinturón de protección y que muestra masas forestales al norte y zonas húmedas junto al Guadalquivir.
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