Por Eva Díaz Pérez
Hay un espejo enterrado en algún lugar de Sevilla. La obsidiana
permite apreciar el perfil de otra ciudad de olores volcánicos.
Algunas veces, el soplo de marea que llega del Guadalquivir roza
el azogue oculto y un aire de mezcal invade Sevilla. Las tabernas
castizas se rebelan entonces como pulquerías clandestinas.
Hubo un tiempo en que México fue el reflejo de Sevilla.
Por eso, aún resiste la tierra y los siglos ese espejo enterrado
en algún lugar de la ciudad. Eran los años de las
riquezas de ultramar, cuando en los vientres de las galeras de
Indias se arrastraban barbas de algas que traían enredados
a los viejos dioses mexicas. Hay quien cuenta extrañas leyendas
sobre una tarde ambarina en la que Izcóatl, Axayácatl
y Tizoc se colaron en los retablos barrocos de Sevilla para expulsar
de sus altares a los dioses autóctonos. Nunca más
se supo de los airados dioses mexicas. Quizás aún
divaguen como espectros en los sótanos de las capillas buscando
cómo regresar a Tenochtitlán, capital de la Nueva
España.
Ciudad de México es una ciudad que se hunde. ¿Cómo
soportó el peso de 40.000 exiliados y todo su lastre de
toneladas de nostalgia? Esos exiliados podrían dibujar unas
cartografías que relacionan Sevilla y México. Por
ejemplo, Cernuda que allí se reencontró con su memoria. «Estabas
en tu sitio, o en un sitio que podía ser tuyo; con todo
o con casi todo concordabas, y las cosas, aire, luz, paisaje, criaturas,
te eran amigas», decía en Variaciones de un tema mexicano.
Y allí está el jardín del destierro, donde
reposan tantos poetas exiliados. En las cartografías mexicanas
hay lugares que parecen reflejos de ese espejo enterrado. Son los
cafés que los desterrados recrearon a imagen y semejanza
de lo que habían perdido. Qué amargo el café de
la tarde cuando se volvía frío y sórdido en
el fondo de las tazas. Hay cafés en México que podrían
recordar el perdido Café Nacional de Sierpes. Pedro Garfias –borracho
de versos y tristeza– aún debe estar vagando por los
cafés de México, como hizo en Sevilla cuando era
un ultraísta de la revista Grecia y lanzaba piedras contra
la casa de Luis Montoto.
Los exiliados dibujaron unas cartografías tristes de México.
Como Buñuel en Los Olvidados, donde parece que se hubiera
asomado al chabolario del Vacíe, pero trasladado a un México
con niños tirados por una ciudad que se vuelve monstruosa,
que se traga a sus propios hijos para vomitarlos en los vertederos.
Guarda imágenes curiosas este espejo enterrado. En Sevilla,
cuando se derrama la oscuridad de convento de noviembre, se comen
huesos de santos y reaparecen los espectros. Mientras, en el otro
lado del azogue, los mexicanos celebran sus muertecitos con calaveras
de dulces en el mes de agosto. Y ofrecen mazorcas, flores, encienden
copal para aromatizar el ambiente y comen Pan de Muerto compartiendo
las viandas preferidas de sus difuntos en una jornada de cementerios.
Extraños lados del mismo espejo.
¿
Qué lugar en Sevilla se parecerá a la Avenida de
los Insurgentes?_Un aroma de chile mole y guayaberas atraviesa
la Avenida de la Palmera, donde se descubre el pabellón
dedicado a México en la Exposición del 29. Y en la
Cartuja a veces huele a frijoles húmedos y chile verde,
muy cerca de donde se encuentra el pabellón mexicano de
la Expo de 1992. Porque algo permaneció del color del pulque.
No hay que olvidar a los gachupines que quedaron allá: Bartolomé de
las Casas, el impresor Cromberger –que llevó desde
Sevilla la primera imprenta a las Indias– o Mateo Alemán,
del que se pierde la pista en algún lugar de México.
Y tantos poetas de naranjas y olivas que escribieron metáforas
a la papaya y el mamey y así criaron una raza cruzada de
criollos de sangre dulce y vísceras saladas.
Allá en el legendario Salón México hay un
balanceo de olas oceánas. Un aire que trajo Carlos Fuentes
cuando leyó en Sevilla su pregón taurino y Hugh Thomas,
su presentador, dijo que Sevilla inventó a México. «Llego
a Sevilla y busco en Sevilla las voces», afirmaba Fuentes
que escribió un libro fundamental que llamó, claro,
El espejo enterrado. ¿Lo encontraría?
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