| |
|
|
| RONDA |
Por LUIS MIGUEL CARCELLER
Asomados al tajo
Como Ronda ha pasado siempre por acumular adjetivos, el advenimiento del turismo cayó por su propio peso. Cuando los turistas se llamaban viajeros románticos, la ciudad les pareció una maravilla.
Encontraban en ella todo lo preciso para alimentar su imaginación y transmutar en legendario lo que hasta entonces había sido uso habitual.
Aquellos viajeros fueron modelando en su sueño la ciudad que veían y aparecieron tantas rondas como desearon ver.
Para el poeta Rilke, encontrarla fue “un maravilloso acierto”, para Hemingway suponía un lugar perfecto para pasar una luna de miel o “para perderse con una amiguita”.
Hoy Ronda no esconde nada de aquéllo y se recrea en mostrarlo, pero también celebra un festival de cine científico y tiene hoteles de alta tecnología.
El turismo ha respetado Ronda por una cuestión geográfica.
Escondida entre sierras, Ronda ha permanecido lo suficientemente cerca de la costa como para ser celebrada por autocares de turistas que llegan a ella y lo suficientemente lejos como para no ser avasallada.
Es una ciudad de excursiones de un día que intenta ahora mantener a los turistas para que se reconozcan también en la noche.
La ciudad ha sido reconocida por su tajo hasta en las postales. Incluso los libros de texto lo recogían como ejemplo de lo que un río puede hacer en la montaña, El Guadalevín le ha servido a la ciudad para darle una personalidad ajena a otros lugares.
La ciudad, convertida en mito del toreo, tiene en su plaza una pieza central de su alma. Fue una de las primeras en recibir el calificativo de municipio turístico, una definición oficial que servirá para promover iniciativas que permitan que la llegada de viajeros no se coma a los pueblos que los reciben.
La ciudad es uno de los pasos de la más tradicional de las rutas de Andalucía, la que recorre los pueblos blancos de Cádiz y Málaga.
Fue ésta una ruta que se fraguó en los sesenta y que tenía entre sus ideas iniciales la de unir las dos costas con un paseo por el interior mezclando el encanto de los pueblos con la naturaleza. Ronda, vecina de parques naturales como Grazalema o la Sierra de las Nieves, también ha buscado vivir entre ellos.
Tiene la ciudad actual las habituales dudas del crecimiento, pero éste nunca afectará a la zona más tradicional, que tiene en su tajo la muralla natural, su mejor parapeto del espíritu mágico.
Se abre por él a un inmenso valle formando una línea natural e histórica de miradores y edificios a la que poder asomarse al vértigo.
Juega además con éste tajo, como ocurre con las escaleras que bajan dentro de la tierra en la Casa del Rey Moro, y cruza sobre él de una ciudad a otra por una obra de ingeniería, el Puente Nuevo, que sirve para unir los dos lados de la ciudad, uno de ellos lleno de rincones y callejones encargados aún de trastornar imaginaciones de caminantes y el otro abierto al bullicio comercial y hostelero.
El Puente sobre el que se eleva el Parador, que fue la última apuesta de esta cadena pública en Andalucía, obliga también a bajar para observar una de las imágenes más tradicionales de la región, en un pueblo que juega con el bandolerismo sin dejar por ello de asomarse a la modernidad.
Por LUIS MIGUEL CARCELLER Publicado en El Caminante.
|
|
|
|
|